Universidad de Antioquia

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LOS VALORES

VALORES son aquellas concepciones prácticas (y normativas) heredadas o, si es el caso, innovadas por las generaciones presentes, en las cuales la sabiduría colectiva descubre que se juegan los aspectos más fundamentales de su supervivencia física y de su desarrollo humano, de su seguridad presente y de su voluntad de trascender al tiempo mediante sus sucesores. En este sentido, se puede decir que toda cultura es un valor que no todo en la cultura forma parte de su escala de valores. Los valores solo identifican y reproducen actitudes y concepciones que se encuentran en los cimientos mismos de la dinámica cultural y de la vida social.

Los valores, en cuanto significados específicos, miran y tratan de salvaguardar lo fundamental de la cultura. Por ejemplo, es poco probable que alguna cultura considere un valor fundamental el modo de cortar un tronco para construir una vivienda, aunque, de hecho, exista una técnica compartida; sin embargo, todas las culturas consideran la prohibición del incesto como base misma del sistema de parentesco, entre otras cosas porque asegura la posibilidad de continuas alianzas matrimoniales que, a su vez, fortalecen la estabilidad grupal. Otro ejemplo más cercano: en nuestra sociedad y en nuestro tiempo, no es probable que una organización empresarial inscriba en su escala de valores la marca de zapatos que deben usar sus ejecutivos, en lugar de conceptos tales como "honestidad", "calidad", "capacitación", "predominancia de la satisfacción del cliente", "iniciativa personal", etc. Por consiguiente, los valores identifican y refuerzan, mediante propuestas socio-culturalmente coactivas de comportamiento, las áreas importantes del tejido cultural, de cuyo buen funcionamiento depende la supervivencia y el logro de los fines del grupo.

 

Vivir según el código de valores le asegura a la persona:

    1. Ser aceptada y reconocida como un buen miembro de la comunidad por parte de los demás; esto le permite gozar de la protección de los derechos del grupo.
    2. Saberse apreciada por los demás e integrada en las normas y valores que rigen la vida grupal. Produce, en general, la autosatisfacción que, a veces, nosotros resumimos como sentirse feliz, realizado y respetable. En otros contextos culturales de menor desarrollo de la subjetividad individual, esa satisfacción se puede expresar simplemente como "soy un tarahumara", "soy un "tzotzil", etc., es decir, soy parte del nosotros cultural.
    3. Contribuir activamente a la obtención de los fines colectivos, los cuales, en principio, se alcanzan mediante un grado suficiente de integración de las acciones, los valores y las normas vigentes.

 

Los valores regulan la vida social

Esto quiere decir que en un grupo social estable (natural o resultado de una decisión humana, como es la empresa) las relaciones sociales, el modo de ubicarse el individuo en ellas y el grado de eficacia con que ambos datos afectan el logro de los fines que se propone, están en relación directa con el grado de integración consciente que el grupo logra en torno de estos dos ejes.

  • La tradición o memoria institucional: por lo general está contenida en la épica de los inicios, en la historia (oral o documentada) transmitida, en los mitos (o relatos que condensan mejor el espíritu de la empresa), en las hazañas de los líderes formales o informales (decisiones o comportamientos personales de pioneros o héroes posteriores que son admirados y estimulan porque resolvieron exitosamente desafíos críticos), etc.
  • El proyecto colectivo: expresado en la visión y la misión de la organización, permanentemente actualizadas. Es en esta dimensión del proyecto donde los valores deben ser capaces de conjugar éxito competitivo y contribución trascendente al proyecto social, humano y productivo del cual forman parte.

 

Los valores y la realización humana

Los valores, como parte de la cultura, también tienen un carácter de mediación instrumental en la realización humana. Por eso, la concepción de naturaleza, de sociedad y de lo sagrado repercuten, inevitablemente, en la construcción de los valores preferenciales o escala de valores. Esto los coloca en una encrucijada interesante en la que confluyen, de un lado, ciertas constantes de la condición humana, y de otro lado, los desafíos singulares de cada historia cultural. Algunos ejemplos pueden ayudar.

  • La cultura andina y su genial organización imperial en tiempos de los incas, tenía como su escala de valores fundamentales la siguiente: "ama sua, ama q’ella, ama llulla" (no robes, no estés ocioso, no mientas). ¿Gran genialidad? Simple pragmatismo e inteligencia política de quienes buscaban la realización humana de su pueblo. Quien conozca el reto que las comunidades andinas han tenido que enfrentar para sobrevivir en el agreste ecosistema andino, entenderán el por qué, de los tres valores básicos inculcados como fundamento de la vida social, dos de ellos tienen que ver con el trabajo productivo y con el respeto al fruto del mismo. La posibilidad e sobrevivir era su gran desafío. Por eso, la relación hombre-naturaleza predomina, en este caso, en la definición de su escala de valores.
  • En un ámbito muy diferente, las empresas de la era poscapitalista de la información y el conocimiento han señalado, entre otras, la calidad y la capacitación como valores primordiales y estratégicos para la competitividad en este mundo globalizado. Habida cuenta de las condiciones imperantes en el medio en que pretenden lograr con éxito sus metas, se han percatado de que lo único que no se puede adquirir en los bancos (capital) ni en las salas de exhibición (tecnología) es la dimensión más espiritual de la empresa: la calidad humana de las relaciones productivas, el estilo de liderazgo, la cultura y el clima organizacional.

 

Los valores y la búsqueda de sentido

La dinámica de los valores y su influencia en la vida, parecen inscribirse en la necesidad absoluta del hombre de vivir en un mundo de significados. Víctor E. Frankl, iniciador de la corriente psicológica de la logoterapia, que trata los trastornos psicológicos mediante la técnica de la búsqueda del sentido de la vida de los pacientes, tiene esta valiosa descripción de ese proceso de búsqueda:

"... quiero subrayar que el verdadero sentido de la vida debe encontrarse en el mundo y no dentro del ser humano o de su propia psique, como si se tratara de un sistema cerrado. Por idéntica razón, la verdadera meta de la existencia humana no puede hallarse en lo que se denomina autorrealización. Esta no puede ser, en sí misma, una meta, por la sencilla razón de que cuanto más se esfuerce el hombre por conseguirla más se le escapa, pues solo en la misma medida en que el hombre se compromete al cumplimiento del sentido de su vida, en esa misma medida se autorrealiza. En otras palabras, la autorrealización no puede alcanzarse cuando se considera un fin en sí misma, sino cuando se la toma como efecto secundario de la propia trascendencia".

 

Equilibrio de valores y sentido

... la realización gratificante y eficiente de un grupo se logrará por la interacción de los valores y del sentido. Los primeros permitirán la cohesión social en torno a significados compartidos y estimados de manera positiva. El sentido que cada persona descubre e integra en su experiencia personal tendrá que ver, sobre todo, con el nivel de realización individual significativa. Ninguna persona será socialmente reconocida por el sentido (único y personal) que descubre en sus acciones, sino por su integración a los valores (sentido socialmente compartido).

Aun realizada esta distinción y esbozada la relación, creemos que hay que cuidar, en el desarrollo de la cultura organizacional, que esta no tienda a disgregarse en múltiples sentidos personales que comprometan el logro de las metas institucionales. Por eso, es indispensable tener en cuenta su dimensión social y colectiva. No hay sentido humano que no tenga una matriz colectiva y sociocultural.

El individuo realiza, sin duda, una apropiación personal y, de algún modo, original, del sistema de significados y de valores comunitarios. Por esta apropiación, el individuo es configurado por la cultura y actúa sobre ella, en un juego interminable de integración en ella y de originalidades individuales diferenciadoras. El equilibrio entre estas fuerzas centrípetas (que mantienen unido al grupo en torno a valores compartidos) y centrífugas (que diferencian a los individuos por el diferente sentido que dan a las situaciones) será el determinante, por un lado, del grado de aceptación o rechazo del individuo por parte del grupo y, por otro, del grado de contribución del individuo a los fines colectivos.


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